El viaje al pasado de Maya

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Por Rubén Suárez
Cuando nació mi hija, siendo sinceros, no sabía qué esperar.  Nunca había cargado un bebé por más de dos minutos, ni abierto un pañal. Es más, ni siquiera había convivido más de cinco minutos con alguien menor de 5 años. Nadie había dependido tanto de mí. Ni había sentido que yo llegara a necesitar tanto estar cerca de alguien.

Lo que sí sabía es que quería averiguarlo, y quería compartirlo con ella. Sé lo que dicen del desarrollo temprano de la memoria y cómo vamos formando nuestros recuerdos de la infancia y todo eso, pero, la verdad, no tengo ningún recuerdo de mi vida ante de los cinco años, aproximadamente. Y decidí cambiar esto para mi hija. Fue así como decidí regalarle un viaje al pasado.

La noche antes de que Maya naciera abrí una cuenta de correo a su nombre y me propuse escribirle lo más que pudiera: cuando aprendiera algo nuevo, o cuando saliéramos de viaje, o cuando cumpliera años, o simplemente cuando quisiera compartir algo con ella.  Mi plan es, el día en que ella cumpla siete años, darle la dirección y el password.  Así podrá descubrir, a su ritmo, siete años de recuerdos: fotos, audios, cosas buenas, alegres, tristes, divertidas, interesantes y hasta aburridas.  Será su viaje al pasado personal.

Esto tiene un doble propósito.  Mi mamá murió cuando yo tenía siete años, y mi papá cuando yo tenía once.  Cada vez que tengo una mudanza, vuelvo a encontrar una tarjeta de cumpleaños que me escribió mi papá cuando cumplí diez años, diciéndome cómo se sentía y que estaba orgulloso de verme crecer y platicar conmigo.  Es lo único que conservo que me haya escrito él, y es como una pequeña ventana a ese momento – y es de mis objetos más preciados.  Ahora, si algo malo sucede y yo ya no estoy ahí con Maya cuando crezca, será una manera con la que ella pueda viajar al pasado y conocer cómo era su papá: qué le gustaba, qué le divertía, qué le daba miedo o preocupación y, sobre todo, qué tan feliz era por estar a su lado.

Si a mí me hubieran regalado eso sería el regalo favorito de toda mi vida, que apreciaría cada vez más conforme fueran pasando los años.

Hoy, todos los que tenemos niños pequeños tenemos esa oportunidad de regalarles más que cosas o viajes: un viaje al pasado, a la vida y las alegrías de sus papás.

No hay que sentarse dos horas cada semana, o siquiera cada mes, a escribir un artículo completo o un reporte de actividades del mes.  ¡No, relájate!  Puede ser cualquier cosa que se te ocurra en el momento: algo que dice, una foto que acaban de tomar, el video que tomaste con el celular de cuando abrió sus regalos, algo que venía cante y cante en el coche y que alcanzaste a grabar… ¡lo que quieras!

Al principio quise escribirle cada mes.  Sí, ajá.  Ya sabemos lo que pasa con esos propósitos.  Así que me fui por algo más sencillo: pasa algo que me gusta y lo escribo en un tuit. Lo publico en Twitter y se lo reenvío a su correo.  Me tardo tres minutos.  Claro, a veces también le escribo uno o dos párrafos y se los mando.  La cosa es no dejarlo.

Aquí unos ejemplos de tuits que le he mandado a mi hija:

1. En el auto. Hija de 2 años histérica y mamá igual.
Yo: “Lo siento, solo puedo aguantar a una a la vez.”
Maya (un minuto después): “¡Yo ya toy tontenta, papá!”

2. Yo: -“Maya, ¿te gusta más estar todo el día con nosotros, o en la escuelita?”
Maya (lo piensa un poco): -“¡Con la abuela!”

3. Distraído vendo los penales de la final, Maya me pintaba y pintaba (según ella) la cara con crayones. Y resulta que, de la cara para abajo, soy azul.

Aquí las instrucciones:
1. Abre una cuenta a nombre de tu hijo. No te quieras ver demasiado creativo. Te recomiendo que sea: sunombre.susapellidos@hotmail.com. Tal vez quiera seguirla usando después y eso no sucederá si le pones teamo.mihija_hermosa@hotmail.com (“¡No seas ridícula, mamá!”)

2. Utiliza una contraseña sencilla (sí, lo sé, muy difícil si tiene que ser una combinación alfanumérica-especial-mayúsculas-y-minúsculas).  Anótala y guárdala.

3. Envíale lo que se te ocurra, en algún ratito que tengas. No tiene que ser tan frecuente.  Es más, si le mandas un correo/tuit/foto por mes, son 12 al año, u 84 en siete años.  Son bastantes.

4. De vez en cuando, cada seis meses aproximadamente (o cada que te acuerdes), entra a la cuenta de tu hijo y envíate un correo desde ahí.  Si no lo haces, el sistema la identificará como “Cuenta sin movimientos” y la eliminará.  Ya me pasó.  Créeme, no quieres que eso suceda y tener que rescatar entre tus correos eliminados para reenviarlos.

5. Cuando llegue el momento, entrégale el acceso y confía en que sabrá qué hacer.

¡Buen viaje!

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