Crónica de un viaje gratis… y por qué hubiera sido mejor no ganarlo

aeropuerto

Por Rubén Suárez
Todo comenzó con una bastante amigable promoción de aniversario: Manda un tweet y gana un boleto de avión.  Como, obviamente, nada le gana a gratis, no me tardé ni tres segundos en participar.  Y, efectivamente, la promoción era cierta.  Un par de minutos después recibí un mensaje informándome que ya tenía mi boleto ganador.  Solo faltaba decidir a dónde iríamos.  Seguramente podría elegir entre cualquier destino a donde llegara la aerolínea, ¿no?

Cuando vi las opciones, resulta que solo podía escoger entre Monterrey y Veracruz.  Ninguno es un mal destino, pero tampoco es el primer lugar en el que piensas cuando planeas salir de vacaciones.  Pensando en que no tenía nada que ir a hacer a Monterrey y en que quería llevar a mi hija de dos años al mar, opté por Veracruz.

Repetí el proceso con los datos de mi esposa, y ¡listo!  Éramos los orgullosos ganadores de dos boletos México-Veracruz, con una escala.  El problema empezó cuando quise conseguir el de mi hija.  Hablé a la aerolínea y me dijeron que a ella la tenía que registrar directamente en mostrador, previo al vuelo.  Bueno, ¿qué tan complicado podría ser eso?

En fin, teníamos cómo llegar allá, pero no cómo regresar.  Así que, ¡a buscar vuelos de regreso!  Por la misma aerolínea salían un poco caros, pero los encontré fácilmente en otra, más económicos.  Después de un rato en internet, ya tenía también la reservación del hotel.  Así que ya estábamos listos para el viaje.

Desafortunadamente, el vuelo salía demasiado temprano, a las 6 de la mañana.  Eso significaba que había que estar en el aeropuerto dos horas antes, para hacer check-in y arreglar lo de mi hija.

Y, viviendo a una hora de distancia, tendríamos que salir de la casa a las 3 am.  Pero eran boletos gratis, así que ni modo de desperdiciarlos.  Entonces, decidimos dormir a mi hija a su hora habitual y llevarla dormida al aeropuerto.

Para evitarnos cualquier problema, salimos de la casa a las 2 am.  Cuando llegamos al aeropuerto, ya había una fila como de 20 personas delante de nosotros.  No pudimos usar los módulos express de self-check-in porque había que documentar a mi hija, así que nos formamos.  Parece que por alguna razón no esperaban que hubiera pasajeros a esa hora (a pesar de tener un vuelo programado), porque solamente había dos mostradores abiertos, con un servicio extremadamente lento.  Con mi hija medio dormida y desesperándose en su carriola, tardamos como una hora en llegar al mostrador, donde nos dijeron que, por su edad (dos años cumplidos una semana antes) tendría que pagar boleto completo.  Después de muchos reclamos (“Eso no fue lo que me dijeron por teléfono”, “Lo siento, pero tiene que pagarlo”, “¡No es posible que no den la información correcta!”, “Déjeme ver con quién puedo hablarlo”) y una media hora más de espera me dijeron que solamente tendría que pagar unos $600.  Y pasamos a la sala de abordar.

El vuelo salió a tiempo, a las 6 am, con dirección a la escala: Monterrey (sí, yo tampoco le veo la lógica a eso).  Llegamos a las 7:30, y a esperar cuatro horas en el aeropuerto, medio durmiendo en la sala de espera.  Finalmente, a abordar.  Otro despegue y otro vuelo de hora y media y, con una niña muy de malas -y nosotros también cansadísimos- llegamos por fin a Veracruz, tan solo SIETE HORAS después de haber salido en avión del DF.  Esto, sin considerar las dos horas para documentar en el aeropuerto, ni la hora de traslado desde la casa.

En Veracruz la pasamos bastante bien el fin de semana, y el vuelo de regreso (que no fue gratis) fue directo y solo tardó una hora, en unos asientos mucho más cómodos y amplios y sin que nos cobraran nada por mi hija.

¿Por qué no nos fuimos en auto, si Veracruz está a solo 5 horas?  Porque eran boletos de avión gratis.  Y siempre es más cómodo volar que ir manejando en carretera en la madrugada, ¿no? Además de que mi hija se desespera cuando está tanto tiempo en el coche. O, por lo menos, ese era mi razonamiento.

¿Qué puedo recomendarles?  Que se fijen muy bien en todas las promociones.  Aunque sean boletos gratuitos, siempre va a haber costos ocultos –pueden ser en dinero, tiempo, comodidad o restricciones.  No sé cómo alguien puede elegir una ruta así para ir a descansar en sus vacaciones.

Por unos pocos pesos más, es mejor una ruta directa y más si están viajando con bebés y niños.

¿Que nada le gana a gratis?  Mmmh… Tristemente, no siempre es así.

*Sobre el autor: Aunque tiene más proyectos que tiempo, Rubén se las arregla para buscar uno nuevo cada día. Le encantan los tacos, los conciertos y a veces lo tachan de ñoño. Lo pueden encontrar en Twitter como @mr_ruben. Por cierto, la aerolínea del terror era Volaris.

Foto: Tomada de Flickr


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